A primera vista, el Sáhara parece sin vida. Pero pase unos días allí con un guía tuareg y empezará a notar huellas en la arena cada mañana, aves alrededor del campamento y siluetas que se mueven en rocas lejanas. Los animales del desierto son discretos, activos sobre todo al amanecer, al anochecer y de noche, y están extraordinariamente adaptados al calor y a la sequía.

Mamíferos

La gacela dorcas está protegida y vive en todo el Sáhara; puede pasar sin beber, obteniendo el agua que necesita de hojas como las de la acacia. El arruí, o muflón del Atlas, vive en laderas rocosas y mesetas como el Tassili; amenazado por la caza, es muy esquivo.

El fénec, el zorro más pequeño del mundo, es famoso por sus enormes orejas, que disipan el calor y captan el menor ruido de sus presas bajo la arena. Su primo, el gato de las arenas, se describió por primera vez en el desierto argelino en 1858. El caracal, un gato salvaje de orejas largas, puede saltar varios metros para cazar aves.

El más raro de todos es el guepardo sahariano, en peligro crítico y casi nunca avistado. Más fáciles de observar son los damanes roqueros, del tamaño de una liebre, que viven cerca de los uadis, y el diminuto jerbo, que salta de noche sobre sus largas patas traseras.

Y, por supuesto, el dromedario, compañero de los nómadas desde hace siglos, capaz de pasar días sin agua.

Reptiles e insectos

Agamas y gecos se calientan sobre las rocas, mientras que el lagarto de cola espinosa (uromástix) y el varano del desierto son los lagartos más grandes. En el Sáhara viven dos víboras venenosas y muchas especies de escorpiones: un motivo más para llevar calzado cerrado por la noche y sacudir las botas por la mañana. Su guía le indicará dónde sentarse y dónde no.

Aves

La collalba coroniblanca, negra con capirote blanco, suele dar saltitos alrededor del campamento; los tuaregs la consideran portadora de buena suerte. Las rapaces —halcones, águilas y búhos— son las aves que más probablemente verá en el cielo.

Observar la fauna con responsabilidad

Mantenga la distancia, no dé nunca de comer a los animales y guarde silencio al amanecer: es cuando el desierto está más vivo. En nuestros circuitos del Tadrart Rouge y el Tassili, los guías de SEFAR Aventure leen cada mañana las huellas alrededor del campamento y cuentan quién pasó durante la noche.